noviembre 13, 2013

¿Sabes, amigo mío?



¿Sabes, amigo mío,  cuán hermoso es tener,
En pruebas duras y en momentos de alegría,
En la tenebrosa noche  o a la luz del día,
Un amoroso Padre hacia quien correr?

¡Oh,  si supieras que Él nunca pone excusas
Para apartar su mirada de los pobres harapos
De quienes con sed y hambre le buscan,
Molidos por la carga de sus muchos pecados!

Lo sé porque yo, hundida en negro pozo me vi,
Cuando sucios mis vestidos, hueco el corazón,
Enredada y atada a muy triste vivir,
Sentía despedazarse de mi vida la razón,

Y con voz entrecortada, ya cansada, exclamé:
“¡Te necesito, Oh Dios, muéstrame tu camino!”,
Y la muy potente, divina luz vislumbré
Del rostro que por amor y compasión se deshizo.

Me mostró sus heridas,
Su espalda surcada por muchos latigazos,
Su bello corazón que por mi se partía
Al comprar mi paz en la cruz del Calvario.

¡Oh, mi amado Jesús! Me inundó su amor,
Conmovió mis entrañas su intenso sufrir,
Y de mi vida para siempre apartó
El pecado y la tristeza que me hacían gemir.

¿Sabes que te ama como me amó a mí?
¿Qué para Él no hay rangos, excepciones ni clases?
¿Que por los pecados del mundo quiso morir
Para que todo aquel que en Él creyera, por fe se salvase?

¡Oh, como yo a sus pies una vez me rendí,
Sal a su encuentro, no esquives su mirar,
Porque Él anhela verte feliz,
No desaproveches, por favor, tu oportunidad!

Mira que el Señor a tu puerta está,
Que te ofrece, amoroso, sus manos divinas,
El único Camino que hasta Dios te hará llegar,
No quiere tu indiferencia, sino que hoy, ¡elijas!


De Mirta López de Eisenkölbl

No hay comentarios:

Publicar un comentario